Técnica: Oleo
Relata una pesadilla donde la oscuridad y el miedo dominan. El so�ador se enfrenta a una presencia divina que se revela como un monstruo, descubriendo al despertar que la aterradora voz era de su propio pasado.
Llega la noche
es hora de so�ar
pero no me acuesto sin antes rezar
la oscuridad me asusta
es como una eternidad.
En la esquina de un laberinto,
Yac�a arrinconado y solito.
Se oy� como mil rayos su voz,
Ante mi, era la presencia de dios.
Sab�a que so�aba y no quer�a despertar,
Del miedo que sent�a; muerto prefer�a estar.
Entre la oscuridad de la noche buscaba su rostro,
Pero al fulgor de los rayos se ve�a como un monstruo.
Mi coraz�n estaba explotando de su intenso palpitar,
Pero el miedo congelaba mis entra�as y me hizo congelar.
Ahora el laberinto ya no ten�a ni entradas ni salidas,
Un cuarto; cuatro paredes negras y totalmente vac�as.
Alce al cielo mi voz, pero esa era un plegaria.
Cuando la escuche estaba llena de furia y rabia.
No era el estruendo de una tormenta,
Era mi propia voz la que me atormenta.
Por fin pude ver bien su cara,
La misma que la tempestad para.
Y se que no so�� con dios,
Era solo de mi pasado su voz.
Entonces la escuche,
Abr� los ojos, despert�.
Pero�
...Que dec�a eso no lo se
Llega la noche
es hora de so�ar
pero no me acuesto sin antes rezar
la oscuridad me asusta
es como una eternidad.